LOS NOVENTAS: UNA ODISEA EN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS DE INTERNET
Recuerdo que hace algunos años, cuando aún mi educación en las aulas de la universidad no concluía, nuestro profesor del curso de Redacción nos enfrascó en un ávido debate acerca de las tecnologías modernas. Eran mediados de los noventa aproximadamente y una nueva dimensión se consolidaba entre nosotros, era el mundo de Internet. Muchos de nosotros apenas aprendíamos a navegar por las rutas que nos ofrecía esta gran biblioteca del mundo como me gustaba llamarle, el servicio de correo virtual era algo nuevo para nosotros y no nos cabía en la cabeza como es que podía enviarse una carta sin tener un papel y un lápiz a mano. Fue entonces cuando nuestro maestro nos clarificó las ideas diciéndonos que el papel lo teníamos en frente de nosotros, era el monitor del ordenador el que hacía las veces de soporte de tinta y era el teclado de ese mismo ordenador el que reemplazaba a la vieja pluma. No era que no nos diéramos cuenta de eso pero nuestras dudas iban más allá. ¿Qué había del tránsito normal de una carta? ¿Dónde estaba el servicio de correos? ¿Y los buzones? ¿La “carta” viajaba por aire, por mar o por tierra? Eso era lo que no terminaba de encajar en el nuevo escenario que se nos planteaba.
Eran buenas preguntas sin dudad tomando en cuenta que las nuevas tecnologías acaban de dar inicios y las noticias llegaban de todas partes, oficiales y extraoficiales, era un camión de datos que teníamos que procesar rápidamente o ser engullidos por el tiempo. Nuestras mentes tenían que adaptarse sobre la marcha a los nuevos procesos. No era igual que los jóvenes o los niños que recién entraban a este mundo, sus mentes estaban en blanco por así decirlo y podían ser programadas de acuerdo al escenario futuro. Pero los que ya teníamos la programación antigua encriptada en nuestros cerebros requeríamos de más paciencia, a ver quien se dignaba en esperarnos. Afortunadamente nuestro tutor fue muy complaciente, seguramente porque a él también le costó esfuerzo la reeducación mental. Nos explicó que el correo electrónico no era algo espectral, tampoco algo físico de tres dimensiones como un papel. Era un término medio que consistía en un mensaje que viajaba a través de la red mundial y quedaba alojado momentáneamente en discos duros gigantescos llamados Servidores y que podían ocupar habitaciones completas. Eso tenía más sentido. Éramos nosotros quien accedíamos a esos Servidores y solicitábamos la información que aparecía en nuestras pantallas y, si así lo estimábamos, podíamos hacer una copia de la misma y conservarla en nuestro propio ordenador para que la próxima vez no tengamos que acudir al servidor en busca de la información en cuestión. Esto en previsión de que por equis motivos el servicio no estuviese operativo en esos momentos.
Y así, tímidamente, como niños fuimos dando nuestros primeros pasos en la nueva dimensión de Internet. Me sentía como en el clásico film de Stanley Kubrick, 2001 Odisea En El Espacio donde se clarifica el aprendizaje del hombre a lo largo de la historia.