EL POLLO EN EL EXTRANJERO
Ahora que me encuentro estudiando fuera de mi país de origen he tenido la oportunidad de conocer algunas costumbres del pueblo peruano. Como les conté, hace algunos años decidimos con mi novia venir a estudiar la carrera de Cocina en el Perú, sabíamos que era un país rico en tradiciones no sólo culinarias sino también folklóricas e históricas, sabíamos que sus platos eran de los más apreciados en el contexto internacional, sin embargo no nos imaginamos las variantes que se daban en materia de cocina y, más aún, las connotaciones sociales que ésta pudiera tener. En efecto, tuvimos en este tiempo la oportunidad de asistir a más de un evento benéfico, generalmente organizado por nuestra escuela de cocina o por alguna entidad que contrató nuestros servicios, pero también participamos de algunos eventos culinarios organizados por personas individuales con la finalidad de recaudar fondos. Un tipo de estos eventos que nos llamó bastante la atención fue la llamada pollada que consiste en un evento en donde se prepara un pollo bastante sazonado, muchas especias son utilizadas. Este plato de rápida preparación se vende a una suma bastante accesible y permite la recaudación de fonos entre amigos. Hasta allí todo normal, pero quisiera hacer la crónica de uno de estos eventos para graficar el componente social del mismo.
Mi novia y yo obtuvimos la invitación a uno de estos particulares eventos gracias a la labor social que hacíamos periódicamente en algunos asentamientos humanos de la periferia de Lima. En una de estas visitas, una de las personas que habitaban estos sitios nos alcanzó unas tarjetas de invitación al evento que ella organizaba, al parecer para recaudar fondos para la matrícula y los útiles escolares de sus hijos. La tarjeta de por sí ya era pintoresca, echa de cartulina rosada rezaba algo así como “gran pollada bailable organizada por Juan Pérez el día tanto de tanto, habrá un potente equipo estereofónico y la infaltable cerveza heladita”. Era una promoción bastante aparatosa pero a la vez tierna y la tarjeta presentaba en su reverso el croquis de cómo llegar hasta el punto de reunión y además consignaba una frase muy ingeniosa que decía “tarjeta aceptada, tarjeta pagada”. Caímos redondos y no había marcha atrás, la “invitación” estaba hecha para el fin de semana siguiente a nuestra visita al asentamiento humano y decidimos ir, era una buena oportunidad para conocer de cerca la sazón de este peculiar plato.
Aquel sábado llegamos al local antes del mediodía, fuimos los primeros en llegar y el potente equipo estereofónico estaba en plena prueba, en efecto gozaba de una potencia tremenda pero la música dejaba mucho que desear al menos a mis oídos, evidentemente era música bailable, el ritmo era cumbia, característico de los países sudamericanos de la coata del Pacífico. Me interesé por la preparación de la pollada propiamente dicha y vi que las piezas de pollo llegaban al local ya cocidas, al parecer habían sido horneadas y sazonadas con bastantes especias que le daban un tono anaranjado, el sabor era más o menos fuerte, me gustaba y venía acompañado con papas doradas y unas hojas de lechuga a manera de decoración. El precio era el equivalente a un euro y medio aproximadamente. Durante la actividad estaba proyectada la venta de casi 200 piezas de pollo pero las mayores esperanzas de recaudación estaban puestas en la venta de licor, en especial de cerveza. Pasaban las horas y cada vez más gente llegaba, era increíble la solidaridad pues mucha gente de humilde condición colaboraba en el evento, la cerveza empezaba a fluir como agua y por supuesto los efectos acompañaban la situación. La gente bailaba alegre pero sin la menor coordinación. A eso de las seis de la tarde ya la noche se anunciaba y no quedaba nada de comida, las cervezas quedaban en solitario y prometían no acabarse pues había un buen stock que había sido entregado en calidad de consignación, no había pierde. Sin embargo mi pareja y yo decidimos retirarnos porque a esas alturas la actividad ya había degenerado y los más bebidos empezaban a disforzarse y supimos que era buena idea retirarnos a tiempo.